Como el mundo es redondo, el mundo rueda.Si mañana, rodando, este veneno
envenena a su vez ¿por qué acusarme?
¿Puedo dar más de lo que a mí me dieron?
58- Empecé a tocar el piano casi exclusivamente para aprender a tocar “Clocks” y “Para Elisa”. Aún no sé.
59- Soy perfeccionista.
60- Todo parece más bonito si se fotografía en blanco y negro.
61- Sigo comprando libros aunque tenga veinte sin leer en la estantería.
62- Siempre tengo el libro de poemas de Neruda en la mesita de noche, al igual que mi “cuaderno de sueños”.
63- Soy neutra en la mayoría de las votaciones.
64- Tengo una mente más bien científica. Apenas intervengo en las conversaciones filosóficas si no es para aportar datos concretos.
65- No entiendo a la gente que ve una película o una serie y no sabe el nombre de los personajes.
66- Me gusta investigar.
67- He llorado con más muertes de personajes ficticios que reales.
68- Tener prendas de ropa u objetos relacionados con personajes de historias que me gustan me reconforta extrañamente.
69- Nunca tomo café, pero siempre que como fuera de casa pido una manzanilla. Sí, "como las viejinas".
70- Quiero adquirir la costumbre de tomar té en invierno y batidos de fruta en verano.
71- Mis vicios son el zumo de naranja y los caramelos de café.
72- Posiblemente el libro que más veces he releído sea Una serie de catastróficas desdichas.
73- En la mayoría de historias que leo, o películas o series que veo, tengo bastante claro quién es mi personaje favorito. La mayoría de las veces, suele ser el incomprendido, morir, o, si es mi amor platónico y “de la vida real”, ser gay.
74- Me llaman los chicos con ojos claros.
75- Los acentos argentino y británico me pueden. Mucho.
76- Relacionado con puntos anteriores: creo que si sigo tantas series, leo tanto y me adentro de esa forma en cada historia es porque trato de desconectar del mundo real, ya que una buena parte de él no me interesa y otra equivalente me resulta demasiado dura.
77- Por favor, no me interrumpáis mientras leo o escribo o a mitad de una frase. En serio.
78- Mis números favoritos son 7, 4, 11, 13 y 42.
79- Me paso el día haciendo referencias constantes a películas. Me gustaría que alguien las pillase.
80- Sí, tengo secretos que no le he contado a absolutamente nadie. No, no sirve de nada preguntarme ahora por ellos porque pretendo que siga siendo así.


Esto es una carta de despedida, y te la escribo con letra muy clara, con mi mejor letra en realidad, para que luego no te quejes de que no la entiendes y digas como todo el mundo dice que mis aes son muy raras y parecen de todo menos aes. Te la escribiría con recortes de periódico si hiciese falta, o en cartulinas de colores con letras de dos metros de alto, para asegurarme de que el mensaje estuviese más claro que el agua. Y el mensaje es el siguiente: me he cansado. De esperar para nada. Estoy segura de que dos años de espera son más que suficientes. No somos como esos personajes de los libros o las películas que, tras siete años compartiendo aventuras, reconocen que están perdidamente enamorados el uno del otro y pasan el resto de sus vidas juntos para siempre jamás. Sé que eso no va a pasar. Me he hecho bastante a la idea, sabes. Y tampoco está tan mal. Me da igual el ¡sois tal para cual!, ya lo descarto con algo parecido al desprecio, me centro en el es que no lo reconocéis, y eso también lo hago una bolita y lo tiro a la basura. Porque desde ahora, no hay nada que reconocer. Desde ahora, no vas a arruinarme un día entero con una única palabra o gesto –porque eso se te da muy bien, incluso cuando no estoy hablando contigo pero sueltas algún ruido de impaciencia al otro lado del teléfono como has hecho hoy-, de esas que se quedan revoloteando en mi mente, picoteándome, hasta que no puedo seguir fingiendo indiferencia y me pongo a pensar en ella y en el pinchazo de dolor que supuso. Desde ahora, no dependo de si me sonríes o cómo me tratas para considerar si un día es bueno o no. Desde ahora, si me miras así es porque tengo monos en la cara o porque te apetece y punto, y no hay nada más detrás. Desde ahora, delante de los demás no me voy a confesar ni a decir ni una palabra de toda esta maraña de sentimientos. Es más, voy a deshacerme de esos sentimientos. Voy a ofrecerles amablemente que vuelvan al lugar del que vienen, y si no quieren por las buenas, les empujaré por la ventana si hace falta. Y tapiaré todas las puertas para que no vuelvan a colarse con facilidad en cuanto decidas cambiar de humor y preocuparte por mí. Y este año, ya que tengo la oportunidad, ya que por fin vas a desaparecer en buen grado de mi vida, vas a dejarme empezar de cero, vas a dejarme aprovechar las oportunidades que tenga y no desperdiciarlas otra vez, o aunque no las haya, vas a dejarme ser feliz de todas formas, vas a dejarme vivir mi maldita vida tranquila.
Lee bien esta carta y presta atención a lo que dice, porque será lo último que te escriba.
Le gusta acercarse sigilosamente por la espalda, pero suele haber algún pequeño detalle que lo delata. Como su olor, que siempre le precede. Es una mezcla de mar y de la canela que añade a casi todas sus comidas. Come como un cerdo, todo hay que decirlo. Tiene la risa contagiosa y muchas sonrisas diferentes, pícaras, serenas, tristes. La auténtica es la enorme que le cambia la cara. Nada como un pececillo y nada le gusta más que sorprenderme emergiendo de golpe, a centímetros de mí, con las gotas de agua salpicando su nariz y en sus pestañas. Si me asusto, se ríe de mí pero luego viene a abrazarme, y de alguna forma ambos acabamos cayendo enredados. Con él no tengo que contener un sólo abrazo.






(¿Ironía? Encontró a esa persona,
pero ni siquiera era de este universo.)