martes, agosto 2

¿Cómo le imagino?

Le gusta acercarse sigilosamente por la espalda, pero suele haber algún pequeño detalle que lo delata. Como su olor, que siempre le precede. Es una mezcla de mar y de la canela que añade a casi todas sus comidas. Come como un cerdo, todo hay que decirlo. Tiene la risa contagiosa y muchas sonrisas diferentes, pícaras, serenas, tristes. La auténtica es la enorme que le cambia la cara. Nada como un pececillo y nada le gusta más que sorprenderme emergiendo de golpe, a centímetros de mí, con las gotas de agua salpicando su nariz y en sus pestañas. Si me asusto, se ríe de mí pero luego viene a abrazarme, y de alguna forma ambos acabamos cayendo enredados. Con él no tengo que contener un sólo abrazo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario