martes, abril 28

Andre.

Qué porras, también merece que la ponga aquí.. y mucho más :)
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E: Voy a por un boli... bueno, no, no me voy, porque te llevo conmigo.
A: Eso me recuerda a un anuncio... ¿qué era, de chocolate? Ah, no, de compresas.
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E: ¡¿Dónde está Toledo?! ¿Está debajo de Madrid?
A: Claro, Elena, mira que no saberlo... todo el mundo lo sabe... es que, ¿cómo no vas a saber dónde está Toledo? Elena, por favor...
E: No lo sabes, no lo sabes...
A: ¡Y tú tampoco!
E: Yo es que siempre creí que estaba en Andalucía...
A: ¡Anda, si está debajo de Madrid!
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E: ¡Andre, ¿estás bien?!
A: ¿Por?
E: No, es que se me ha caído el teléfono.
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A: No encuentro el ratón del ordenador...
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A: ¡MSN! ¡MSN! ¡Habla! ¡Saluda! ¡MSN, habla! ¡Saluda! ¡MSN! Ah, bien, ha hablado, ¡buen MSN!
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A: PhotoShop, ¡RESPÓNDEME! ¡¡Respóndeme, capullo!! Por el poder que te he concedido...
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A: ¿Cómo se llama el que se escribe en los juicios? ¿Escribano? Ah, no. ¿Tom Cruise? No...
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A: Estoy buscando una letra que no quede curcia... ¡ME HAS PEGADO ESA PALABRA!
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A: Ordenador, te odio. ¡¡Yo invoco a todos los demonios del mundo para que...!!
E: ¿Angelo?
A: Eso, sí, Angelo. ¿Dónde estás, Angelo?
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E: ¿Yo no he dicho nada raro? ¡ANDREA, SOY NORMAL, ESTO NO PUEDE SER!
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E: Voy a sacarme una foto con el teléfono y la hoja con frases raras.
A: ¡Vale! Sonríe. ¡Di 'Lacasitos'!
E: ¿Qué dices?
A: Estaba posando, ¿no estabas sacando la foto? Yo estoy posando como una tonta.
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E: “Tarj memo no se puede sobrescr”... ¿intentas decirme algo, cámara?
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A: Mamá, tengo miedo.
E: ¿Por qué?
A: No sé.
E: Yo tampoco.
A: Jo, ¡qué fallo! ... ¿Esa la apuntas tú o yo?
E: ¿El qué?
A: No sé.
E: Yo tampoco.
A: ¡Qué fallo!
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E: Andreaandreaandreaandreaandreaandreaandrea...
A: ¿Qué?
E: Te estoy gastando el nombre. ¿No empiezas a transparentarte?
A: Sí, me falta el brazo. ¿No te estás dando cuenta de que se me cae el teléfono?
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A: Ñagapú.
E: ¡Galletita!
A: ¿Galleta? ¿DÓNDE? ¡Gaaalleeetaa!
E: ¡Mira, ahí hay una! (¡Andre, ataca!)
A: ¡GALLEEETAA! ... ¡Me has engañado!
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Te adoro, linda ♥

domingo, abril 26

Cambio.

Tenía cada movimiento cuidadosamente planeado.

Entró en el aula con tres zancadas precisamente calculadas, pisando fuerte con sus nuevos playeros de marca. Los pitillos parecían marcar cada compresión y distensión de sus músculos; la sudadera había costado su paga de un par de meses, pero sabía que merecería la pena. Sólo el que la siguiesen con la mirada al pasar compensaba las semanas de preparativos, mascarillas, pedicuras, limpieza exhaustiva de armario y desvalijo de las tiendas más caras de la ciudad.
Su larga melena oscura se ondulaba tras ella como una sedosa cortina mientras se dirigía a su pupitre. Dejó la mochila sobre la mesa. El exclusivo abrigo valía más que todos aquellos libros de texto juntos.
Una mirada de reojo disimulada tras una sutil caída de pestañas le permitió localizar a su objetivo. Dos pasos laterales, uno al frente, levantar la cabeza y… ahí le tenía, a treinta centímetros escasos. Distancia más que suficiente para que él pudiese llenarse los pulmones con su nuevo perfume.
Le sonrió con la proporción exacta de dulzura y complicidad, le miró directamente a los ojos y por fin pronunció una palabra, la palabra que podría cambiarlo todo:

- Hola.

Su reacción le preocupó. Para ser sinceros, esperaba… bueno, que se la comiese con los ojos; pero en cambio… ¿se apartó de ella? Parecía… asustado. ¿Se le había ido la mano con la raya? No; se había mirado en todos los espejos de la casa hasta considerarse perfecta. ¿Entonces…?
Él abrió mucho los ojos y, ahora sí, la miró de arriba a abajo.

- ¿Noelia?

Había pasado mucho tiempo imaginando cómo sonaría su nombre en sus labios en aquél momento, su momento, pero esto estaba… mal. No había admiración, no había un principio de adoración, no había nada que dejase traslucir que para él, el cambio había sido a mejor.
Sólo había sorpresa.
Y rechazo.

Los otros alumnos empezaban a rodearles. Esto la incomodó. Pero al fin y al cabo, ¿no era eso lo que quería? ¿No pretendía que todos la observasen, no era eso lo que había estado buscando?

Pero no de esa forma.

De todas formas, no se acercaban a ella. Se encaminaban hacia sus respectivos sitios, pues al fin y al cabo, estaban en el instituto y en algún momento debían empezar las clases. Y para las clases hay que sentarse.
Sentarse. Hizo lo que pudo para flexionar las piernas dentro de aquellas estrechas mortajas. Segunda piel; já.

Sentía que su rubor habitual volvía a teñirle la piel bajo la capa de maquillaje. No funcionaba. Tanto esfuerzo para nada. No funcionaba, no funcionaba…

No te martirices; dale… tiempo para asimilarlo.

La miraba de reojo, podía sentirlo. Pero no era una mirada como las de antes. Antes sentía como si sólo existiesen ellos dos, como si al encontrarse sus ojos se trasladasen a otra dimensión o, simple y llanamente, a un lugar privado.
Ahora la contemplaba como a una extraña.

¿Tal vez había sido un cambio… demasiado drástico?



Venadas de Elena a las 11 de la noche de un viernes.

miércoles, abril 22

Poesía.

"Mientras se sienta que se ríe el alma
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!"
G. A. Bécquer

miércoles, abril 15

Una buena sesión de...

... pensamientos inconexos.
Lo necesito.

Ayer me di cuenta: en mis sueños siempre veo bien de lejos. Sobre todo porque casi siempre los presencio como un espectador...

¿Nunca os habéis parado a reflexionar y habéis comprendido que los demás también tienen su vida? Sea quien sea -un famoso al que sigas la pista, un conocido, ese alguien especial, un amigo, cercano o no, etc.-, también tiene sus rutinas, sus hobbys, sus momentos de aburrimiento, sus ocasiones especiales... en resumen, vive no sólo cuando pensamos en él.
Y... ¿no habéis visto lo mucho que esto nos sorprende?

Hoy volvía a mi casa, tras despedirme de Anina, cuando me propuse dejar de hablar sola. Al menos hasta llegar al portal. Crucé un par de pasos de peatones... y cuando me di cuenta, ¡ya estaba otra vez! Así soy, no puedo negarlo, no puedo hacer nada por evitarlo, me da igual que los otros viandantes me miren raro...

Pensamientos de Elena en clase (entre bostezo y bostezo): "¡Estúpida sensación! Ya estamos otra vez. ¡Maldito estómago! ¡Traidor!".

Al escribir la palabra 'bostezo' en el párrafo anterior, he bostezado.
Y otra vez.
Y otra...

Me pasa a menudo, empezar a reflexionar sobre la vida de los seres humanos... y compararla con la del resto de animales. Todo lo que hemos avanzado, y todos los detallitos que eso implica; porque, vamos a ver, imaginaos a... qué sé yo, una gallina angustiada porque la sudadera que acaba de comprarse no es de marca. O a un dromedario celoso porque la dromedaria que le gusta no le ha dicho 'adiós' a él. O a un guisante (eso no es un animal, ¿verdad?) frustrado porque no se sabe una definición que puede significar un punto en uno de los exámenes de una evaluación de un curso. O... etcétera. ¡Cómo nos complicamos!

Sigo bostezando. Tal vez sea sueño.

Cualquier tipo de música me emociona. Si es que es oír un par de notas y animarme, preguntadle a los de mi grupo de inglés... ("Elena, estás para grabarte", muchas gracias.)

Ya me siento mejor :) Mi cabeza está más vacía... o igual a eso contribuyeron los bostezos, y se me están escapando las ideas por la boca (eso no puede ser bueno a punto de hacer los deberes de Mate). Pues... no noto nada raro en el aire, la verdad.

Y a todo esto, ¿de dónde saqué yo lo de "pensamientos inconexos"?

domingo, abril 12

Pachim, pom, pom.

En noche lóbrega, galán incógnito las calles sórdidas atravesó,
y bajo clásica ventana gótica templó su cítara y así cantó,
y bajo clásica ventana gótica templó su cítara y así cantó:
(Pachim, pom, pom
Pachim, pom, pom)
Niña purísima, de faz angelical,
que en tibias sábanas durmiendo estás,
durmiendo estás.
Despierta y óyeme, mi canto esdrújulo,
suspiros prófugos escucharás...
ay, escucharás.
Pero la sílfide oyó su cántico y bajo las sábanas se arrebujó,
y dijo '¡óstigas, este es un sátiro; ventana gótica no le abro yo!',
y dijo '¡óstigas, este es un sátiro; ventana gótica no le abro yo!'.
(Pachim, pom, pom
Pachim, pom, pom)
Niña esclerótica y algo diabética,
que entre los pánfilos incluida estás,
incluida estás.
Despierta y óyeme, mi canto esdrújulo,
suspiros prófugos escucharás...
ay, escucharás.
Pero el gaznápido cogió una pértiga y en salto atlético se encaramó...
pero por cáscaras de algún maléfico -plaf, ¡ay!- contra un semáforo se la pegó,
pero por cáscaras de algún maléfico contra un semáforo se la pegó.
(Pachim, pom, pom
Pachim, pom, pom)
[Es curioso. Mi primera actualización después de un viaje de una semana por París, es la canción que mi padre y yo cantamos en la cola del Louvre.]