En noche lóbrega, galán incógnito las calles sórdidas atravesó,
y bajo clásica ventana gótica templó su cítara y así cantó,
y bajo clásica ventana gótica templó su cítara y así cantó:
(Pachim, pom, pom
Pachim, pom, pom)
Niña purísima, de faz angelical,
que en tibias sábanas durmiendo estás,
durmiendo estás.
Despierta y óyeme, mi canto esdrújulo,
suspiros prófugos escucharás...
ay, escucharás.
Pero la sílfide oyó su cántico y bajo las sábanas se arrebujó,
y dijo '¡óstigas, este es un sátiro; ventana gótica no le abro yo!',
y dijo '¡óstigas, este es un sátiro; ventana gótica no le abro yo!'.
(Pachim, pom, pom
Pachim, pom, pom)
Niña esclerótica y algo diabética,
que entre los pánfilos incluida estás,
incluida estás.
Despierta y óyeme, mi canto esdrújulo,
suspiros prófugos escucharás...
ay, escucharás.
Pero el gaznápido cogió una pértiga y en salto atlético se encaramó...
pero por cáscaras de algún maléfico -plaf, ¡ay!- contra un semáforo se la pegó,
pero por cáscaras de algún maléfico contra un semáforo se la pegó.
(Pachim, pom, pom
Pachim, pom, pom)
[Es curioso. Mi primera actualización después de un viaje de una semana por París, es la canción que mi padre y yo cantamos en la cola del Louvre.]
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