sábado, septiembre 10

sal con una chica que lea

Sal con una chica que lea. Sal con una chica que gaste su dinero en libros en lugar de en ropa. Tiene problemas con el espacio de su armario porque tiene demasiados libros. Sal con una chica que tenga una lista de libros que quiere leer, que haya tenido carnet de biblioteca desde los doce años.

Encuentra a una chica que lea. Sabrás que lo hace porque siempre tendrá un libro sin leer en el bolso. Es la que mira con cariño las estanterías en la librería, la que grita silenciosamente cuando encuentra el libro que quiere. ¿Ves a la tía rara olisqueando las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Esa es la lectora. Nunca pueden resistirse a oler las páginas, especialmente cuando son amarillas.

Es la chica leyendo mientra espera en esa cafetería al final de la calle. Si echas un vistazo a su taza, la crema está flotando en la superficie porque ya está absorta. Perdida en un mundo de la creación del autor. Siéntate. Puede que te eche una mirada, ya que a la mayoría de las chicas que leen no les gusta ser interrumpidas. Pregúntale si le gusta el libro.

Pídele otra taza de café.

Hazle saber lo que realmente piensas de Murakami. Mira si consiguió pasar del primer capítulo de "Fellowship". Entiende que si dice que entendió "El Ulises" de James Joyce sólo lo dice para sonar inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si le gustaría ser Alicia.

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros por su cumpleaños, por Navidad y por aniversarios. Dale el regalo de las palabras, en poesía, en canción. Dale a Neruda, Pound, Sexton, Cummings. Hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Entiende que conoce la diferencia entre los libros y la realidad pero por dios, está intentando hacer que su vida sea un poco como su libro favorito. Nunca será culpa tuya si lo consigue.

Tiene que intentarlo de alguna forma.

Miéntele. Si entiende sintaxis, entenderá tu necesidad de mentir. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valores, matices, diálogo. No será el fin del mundo.

Fállale. Porque una chica que lee sabe que los fallos siempre conducen al clímax. Porque las chicas que leen entienden que todas las cosas terminarán. Que siempre puedes escribir una secuela. Que puedes empezar una y otra vez y seguir siendo el héroe. Que la vida está destinada a tener un villano o dos.

¿Por qué tener miedo de todo lo que no eres? Las chicas que leen entienden que la gente, como los personajes, evolucionan. Excepto en los libros de "Crepúsculo".

Si encuentras a una chica que lee, manténla cerca. Cuando la encuentres despierta a las dos de la mañana, apretando un libro contra su pecho y llorando, hazle una taza de té y abrázala. Podrás perderla durante un par de horas pero siempre volverá a ti. Hablará como si los personajes del libro fuesen reales, porque durante un rato, siempre lo son.

Le pedirás matrimonio en un globo aerostático. O durante un concierto de rock. O muy casualmente la próxima vez que esté enferma. Por Skype.

Sonreirás tanto que te preguntarás por qué tu corazón no ha explotado y sangrado sobre tu pecho todavía. Escribiréis la historia de vuestras vidas, tendréis hijos con nombres extraños y gustos aún más extraños. Ella les presentará al Gato del sombrero y a Aslan, a lo mejor en el mismo día. Pasearéis por los inviernos de vuestra edad anciana juntos y ella recitará a Keats en voz baja mientras tu sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lea porque te lo mereces. Te mereces a una chica que te pueda dar la vida más colorida imaginable. Si sólo puedes darle monotonía, y horas viciadas y propuestas de matrimonio a medio cocer, entonces estarás mejor solo. Si quieres el mundo y los mundos más allá, sal con una chica que lea.

O mejor todavía, sal con una chica que escriba.


domingo, agosto 7

This ain't a love song, this is goodbye.

Esto es una carta de despedida, y te la escribo con letra muy clara, con mi mejor letra en realidad, para que luego no te quejes de que no la entiendes y digas como todo el mundo dice que mis aes son muy raras y parecen de todo menos aes. Te la escribiría con recortes de periódico si hiciese falta, o en cartulinas de colores con letras de dos metros de alto, para asegurarme de que el mensaje estuviese más claro que el agua. Y el mensaje es el siguiente: me he cansado. De esperar para nada. Estoy segura de que dos años de espera son más que suficientes. No somos como esos personajes de los libros o las películas que, tras siete años compartiendo aventuras, reconocen que están perdidamente enamorados el uno del otro y pasan el resto de sus vidas juntos para siempre jamás. Sé que eso no va a pasar. Me he hecho bastante a la idea, sabes. Y tampoco está tan mal. Me da igual el ¡sois tal para cual!, ya lo descarto con algo parecido al desprecio, me centro en el es que no lo reconocéis, y eso también lo hago una bolita y lo tiro a la basura. Porque desde ahora, no hay nada que reconocer. Desde ahora, no vas a arruinarme un día entero con una única palabra o gesto –porque eso se te da muy bien, incluso cuando no estoy hablando contigo pero sueltas algún ruido de impaciencia al otro lado del teléfono como has hecho hoy-, de esas que se quedan revoloteando en mi mente, picoteándome, hasta que no puedo seguir fingiendo indiferencia y me pongo a pensar en ella y en el pinchazo de dolor que supuso. Desde ahora, no dependo de si me sonríes o cómo me tratas para considerar si un día es bueno o no. Desde ahora, si me miras así es porque tengo monos en la cara o porque te apetece y punto, y no hay nada más detrás. Desde ahora, delante de los demás no me voy a confesar ni a decir ni una palabra de toda esta maraña de sentimientos. Es más, voy a deshacerme de esos sentimientos. Voy a ofrecerles amablemente que vuelvan al lugar del que vienen, y si no quieren por las buenas, les empujaré por la ventana si hace falta. Y tapiaré todas las puertas para que no vuelvan a colarse con facilidad en cuanto decidas cambiar de humor y preocuparte por mí. Y este año, ya que tengo la oportunidad, ya que por fin vas a desaparecer en buen grado de mi vida, vas a dejarme empezar de cero, vas a dejarme aprovechar las oportunidades que tenga y no desperdiciarlas otra vez, o aunque no las haya, vas a dejarme ser feliz de todas formas, vas a dejarme vivir mi maldita vida tranquila.

Lee bien esta carta y presta atención a lo que dice, porque será lo último que te escriba.

martes, agosto 2

¿Cómo le imagino?

Le gusta acercarse sigilosamente por la espalda, pero suele haber algún pequeño detalle que lo delata. Como su olor, que siempre le precede. Es una mezcla de mar y de la canela que añade a casi todas sus comidas. Come como un cerdo, todo hay que decirlo. Tiene la risa contagiosa y muchas sonrisas diferentes, pícaras, serenas, tristes. La auténtica es la enorme que le cambia la cara. Nada como un pececillo y nada le gusta más que sorprenderme emergiendo de golpe, a centímetros de mí, con las gotas de agua salpicando su nariz y en sus pestañas. Si me asusto, se ríe de mí pero luego viene a abrazarme, y de alguna forma ambos acabamos cayendo enredados. Con él no tengo que contener un sólo abrazo.

martes, julio 19

confesiones de aquel chico de las gafas y el pelo largo

Desde que puedo recordar, siempre he querido ser inteligente. Algunas personas nacen inteligentes, del mismo modo en que otras nacen hermosas. Yo no soy una de ellas. He tenido que trabajar para conseguirlo. Si hay una pregunta, tengo que saber la respuesta correcta. Como dijo una vez Francis Bacon, El conocimiento es poder, y por eso quiero saberlo todo. Quiero saber sobre Platón y Newton, sobre Tolstoi y Bob Dylan, qué significan las palabras dialéctica y peripatético. Quiero saber por qué a la gente le gusta el jazz.

[...]


Lo admito. Había cometido algunos errores. Vale, graves errores. Montones. Pero no puedes esconderte para siempre en tu cuarto sintiendo pena de ti mismo. No es práctico. En algún momento, tienes que salir ahí fura, dar la cara, y enfrentarte a tus demonios.
Desde que puedo recordar, siempre había querido ser inteligente. Algunas personas nacen inteligentes, del mismo modo en que algunas nacen hermosas. Yo no soy una de ellas. Tendré que trabajar en ello, esforzarme, y si lo estropeo, aprenderé de ello.
Además, a veces no se trata de saber la respuesta correcta.
A veces se trata de hacer la pregunta adecuada.







- Starter for ten.

domingo, julio 3

You can't always get what you want.

Es difícil ser consecuente con las decisiones que uno toma. Lo fácil es decidir no ver una película, y después arrepentirse al oír risas en el salón; negarse a ir a una fiesta y después arder de envidia al ver las fotos.

Quizás tengan razón los que dicen que la mejor forma de olvidar a una persona es borrarla por completo de tu vida. Pero ¿cómo borrar a alguien que, hagas lo que hagas, está por todas partes?

Un comienzo sería deshacerse de esa sensación permanente de rabia por no estar presente en cada minuto de su vida; borrar de mi repertorio frases como y es que tengo celos, celos de tu tiempo, cuando tu tiempo no es el mío; I just can't look, it's killing me; y me muero de celos cuando tus ojitos miran otro cielo. Después de todo, todas estas sensaciones únicamente aparecen después, al ver los testimonios de esos momentos "perdidos", y el resto del tiempo suele ser aprovechable. Así que sólo hay que procurar que no aparezcan, en absoluto.

Al fin y al cabo, hay que ser consecuente con lo que se decide.



jueves, junio 30

La vida sin filtros
























también puede ser hermosa.


todo fotos de la última semana, sin un sólo retoque :)

lunes, junio 20

puede

Puede que de vez en cuando no esté mal arreglarse un poco más que de costumbre, o vestirse de colores chillones; ilusionarse por planes y detalles, dejarse llevar por la alegría que te rodea. Ya sabes, alocarse un poco. Cantar hasta quedarse afónica, dejar que los rizos se te deshagan, bailar aunque no te guste la canción que suena o incluso aunque no suene ninguna. Responder con buena cara a comentarios de desaprobación, llevarse bien con aquellos a quienes se solía odiar, no pensar por una vez en el qué dirán. Perdonar y olvidar instantáneamente, preocuparse aunque los otros no hagan lo mismo y no sentirse débil por ello, tumbarse a tomar el sol durante horas y que nada en absoluto tenga importancia. Y si se sigue esperando por lo que nunca llega, por lo menos que sea con una sonrisa en los labios y sin dejar de disfrutar lo que sí que está aquí.