El cerebro humano filtra los recuerdos y sólo permanecen los positivos, "que cualquier tiempo pasado fue mejor".
El primer día que se vieron fue también el primer día el invierno.
La escena es prácticamente la misma: lluvia, noche, calle desierta, sólo nosotros dos...
¿Y cómo lo hace? ¿Convierte su olor en perfume y se vacía el bote por encima? ¿Lleva siempre un ventilador en el bolsillo, o escondido entre el pelo?
Que después de cinco horas tiritando de frío una hora contigo me devuelva tanto el calor como la sonrisa...
Me gusta el silencio de las dos de la mañana. Es la calma que sigue a la tempestad.
Su voz de sueño. La melodía que no consigo olvidar.
¿Hay algo mejor que pasarse todo el día pensando en una persona y que, al llegar a casa, esa persona te diga que se ha acordado de ti?
Significa que todas las estrellas fugaces, monedas en los pozos, papeles en las hogueras y pestañas desprendidas van dedicados siempre al mismo deseo. Para nada.
Tres de la mañana. La luna tras la persiana medio bajada.
-¿Por qué estás triste?- Nada, cosas mías.
-¿Por qué estás triste?
- Cotilla.
-No es por eso, es porque... ¿cómo se dice?...
(Zas. Mi estómago empieza a hacer cosas raras. Como diga que le importo, me muero aquí mismo.)
...¿cuando lo que los demás sientan te afecta?
-¿Empatía?
-Eso.
-Tú. Empatía. Claro.
-¿Qué pasa, no puedo?
-Claro que sí, hombre...
-Pues dime por qué estás triste.
Me convencerías para salir a bailar (sólo contigo) y me cantarías eso de "bésame, bésame mucho" para provocarme.
Y entonces ves que, aunque tú intentes desviar la mirada, él te está mirando directamente, y tiene esa sonrisa enorme en la cara. Y es sólo un momento, y puede que de las cien personas presentes ninguna lo haya notado, pero es esa imagen la que danza en tu cabeza el resto del día.
Cuando me despierto apenas recuerdo qué sueño, pero casi podría agarrar tu olor desvaneciéndose en algún lugar de mi almohada.
Esa sonrisa. Podría dedicar mi vida a hacer aparecer esa sonrisa.
-Voy a tener que abrirte y mirar tu cerebro.
- (sonrisa oscura) Ni así me entenderías.
Y todo lo que más deseo en el mundo se reduce en este momento a alargar la mano. Y buscar el origen de tu desazón entre tu pelo, o en los nudos de tu cuello, y echarlo con un roce de la punta de mis dedos. Puedes seguir con los ojos cerrados. No necesito que me mires.
Significa, por encima de todo, miedo. Es un miedo simple y visceral. Es miedo a que, en vez de tres, sean cuatro.
No me importaría que fuese una sonrisa triste. Mi impotencia es triste, desde aquella mañana hace años en la que salí del mar a ti. Su tristeza, como la mía, sería bonita.
Qué difícil es enfrentarse al final de algo, ¿verdad? Sobre todo si es algo que realmente nunca empezó. Es extraño, y está sólo en tu cabeza, pero sigue siendo muy difícil.
Y todo se revuelve y rompe y resurge como un maremoto. Y tus esperanzas renacen a la desesperada. Y a la vuelta, en el autobús, te giras a mirarle y piensas: "joder, te quiero".
Levantas la mirada. Buscas palabras. Sonríes como quitándole importancia. Mientes:
- Sí, es verdad, pero hace mucho tiempo de eso y ya lo tengo olvidado. Ya no me importa. Estoy bien.
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