jueves, enero 5

enrriba tres camellos y fartucos de ñeve...

Es la víspera de Reyes y tiene dos años. Apenas ha aprendido a caminar y aún le tiene miedo a la arena de la playa, pero cuando sus padres la llevan a la cabalgata y la cogen en brazos, aunque no entienda qué está pasando, queda hipnotizada por las carrozas que pasan en frente suyo, por la explosión de colores y de música y de niños con caras felices. Años más tarde reirá, gritará un poquito y acosará a su padre a preguntas, "¿ese de ahí es mi regalo?", "¿mi carta está ahí dentro?", "¿con esa escalera van a subir a casa?", "¿por qué nunca me lanzan a mí los caramelos?".
Tiene cinco años, son las once de la mañana y, a pesar del frío y de que está empezando a llover, está en el puerto mientras tres hombres con barba desembarcan. Le encantaría que Baltasar mirase en su dirección, pero es demasiado tímida como para gritar o hacerse notar, así que sólo le sonríe sentada sobre los hombros de su padre.
Tiene siete años y es de noche, y tiene que ir al baño pero no se atreve porque teme encontrarse en el pasillo a los Reyes Magos y que ellos se enfaden porque no está en la cama. Cuando finalmente se atreve, el perchero del pasillo le da uno de los mayores sustos de su vida. Pero sobre la mesa del salón sólo quedan tazas vacías y la media galleta que Baltasar -ella sabe que es él- siempre se deja. Y bajo el árbol... paquetes brillantes. Se tumba en el suelo del pasillo y se dedica a mirarlos, contando cuántos hay, viendo la forma, el envoltorio, intentando imaginarse qué pueden tener dentro, hasta que está tan cansada que casi se queda dormida allí mismo.
Tiene ocho años y está en casa de sus abuelos. Abre sus regalos allí, y son pocos, pero aunque aún no sepa que es porque no pueden permitírselo, hay algo en su abuela, y en el paquete de huevos kinder, que hace que no le importe. Su madre se queja porque siempre comen cocido, su padre le responde que con su familia siempre comen cordero, y mientras tanto ella pide un segundo plato de sopa.
Tiene nueve años y ya es demasiado mayor para ver la cabalgata, así que su padre y ella están en el cine y tienen toda la sala para ellos solos, y no se siente como una traidora a Sus Majestades porque precisamente la película que están viendo trata sobre ellos.
Tiene once años. En el pasillo hay gritos, un portazo, y ella llora sobre el plato de espaguetis semicongelados.
Tiene quince años. Está cubierta de espuma y confeti, pero no le importa porque por primera vez ha visto la cabalgata con sus amigos, y ha sentido toda la magia volver.
Tiene dieciséis años, y daría lo que fuera por regresar a cualquiera de esos años.

1 comentario:

  1. De pequeñas éramos iguales, eso seguro y lo de los 16 también coincido jajaja

    ResponderEliminar