sábado, julio 31
La señorita Morstan y yo permanecimos juntos, con nuestras manos entrelazadas.
"El amor es una cosa maravillosamente sutil; allí estábamos nosotros dos, que nunca nos habíamos visto hasta aquel mismo día, que no habíamos intercambiado ni una sola palabra ni mirada de cariño, y que ahora, en un momento de dificultades, nos buscábamos instintivamente el uno al otro con nuestras manos. Desde entonces, siempre que pienso en ello no dejo de asombrarme, pero en aquel momento me pareció la cosa más natural el que yo la buscase a ella, y también ella me ha contado muchas veces que fue un instinto lo que la empujó hacia mí en busca de tranquilidad y protección. Estábamos, pues, agarrados de las manos, lo mismo que dos niños, y reinaba la paz en nuestros corazones, a pesar de todas las cosas lúgubres que nos rodeaban."
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