viernes, marzo 25

Incongruente.


Incongruente, es una palabra que me gusta mucho, a pesar de que me suene como congrio y no me guste el pescado. Sirve para definir muchas cosas: a mí, a casi todas las personas en realidad, a casi toda la realidad de las personas. "Incongruente" es lo que queremos decir cuando decimos "bipolar". No nos gusta que alguien lo sea, pero en realidad nosotros también lo somos, siempre. Eso también es ser incongruente, que supongo que es una forma suave de decir "hipócrita". Quiere decir muchas cosas, y muchas de ellas se contradicen entre sí, así que en realidad se representa muy bien a sí misma. Parece la clase de palabra que utiliza alguien que sabe mucho, o que quiere aparentar saber pero así demuestra lo contrario. Si la digo muchas veces muy rápido, parece que estoy diciendo hinco el diente. Además, me resulta imposible imaginar de dónde viene. Porque espero de verdad que no sea de congrio. Aunque me seguiría gustando de todas formas. Soy así de incongruente.

viernes, marzo 4

Estuve en el hospital durante siete comidas, que no sé a cuánto equivale. Miré la tele, tomé analgésicos, intenté hacer todos los crucigramas a medio acabar de los números atrasados de Woman's Own, y me hice a mí mismo un montón de preguntas.
La primera: ¿qué estaba haciendo? ¿Por qué me cruzaba en las trayectorias de balas disparadas por personas que no conocía, por razones que no comprendía? ¿Qué había en eso para mí? ¿Qué había para Woolf? ¿Qué había para O'Neal y Solomon? ¿Por qué los crucigramas estaban a medio acabar? ¿Les habían dado el alta a los pacientes antes de acabarlos o acaso habían muerto? ¿Habían acudido al hospital para que les extirpasen medio cerebro y ésa era la prueba de la habilidad del cirujano? ¿Quién había arrancado las tapas de las revistas y por qué? ¿La respuesta del 3 horizontal "no es mujer" podría ser "hombre"?
Y, por encima de todo, ¿por qué había una foto de Sarah Woolf pegada en el interior de la puerta de mi mente, de tal forma que, cada vez que la abría para pensar en cualquier cosa -los culebrones de la tarde, fumar un cigarrillo en los lavabos al final del pasillo, rascarme el dedo gordo-, allí estaba ella, que me sonreía y me regañaba simultáneamente? Me refiero, por enésima vez, a la mujer de la que yo no estaba enamorado.


Una noche de perros, Hugh Laurie, pág. 74

domingo, febrero 13

"Ahora voy a ir a por ti".

El domingo es el día de los recuerdos. Por eso me gusta que llueva, las melodías sin letra y que no me den mucha conversación. Incluso la fiebre ayuda, así mis pensamientos se van a otro mundo y puedo seleccionar y recortar recuerdos, para centrarme sólo en el ritmo, las luces y el calor.

The music, the light and the laughter,
the answer to what you are after.

domingo, febrero 6

Lo que al parecer no entiendes es que no perdono tan fácilmente. Es más, ya no perdono en absoluto. Porque es un día tras otro, una cosa tras otra, aunque la verdad es que ya apenas me afectan. No pienso derrumbarme como al principio. Por eso tus disculpas ocasionales, cuando la lógica te dice en mitad de la noche que te has pasado, no sirven de nada. No pareces darte cuenta de que la única reacción que consigues en mí es que te mire fijamente, apretando la mandíbula, dura e impasible. El odio acumulándose es como una bomba de relojería. Y no creo que quieras estar aquí cuando explote.

El chico de marrón y la chica de azul.



Tampoco pido tanto. Sólo alguien que se emborrache conmigo en un karaoke, que grite más que yo en el parque, que me acompañe a Ikea. Si hay una familia de chinos en nuestro baño, mejor. Alguien con quien la vida sea un juego. A quien le pueda contar mis fantasías más disparatadas, que le gusten mis rodillas, que me enseñe su rincón favorito de la ciudad. Que se siente conmigo en el tren, que se meta con mi Beatle favorito, que me regale un libro que ha leído. Que tenga una pizarra en casa, que sepa sinónimos para todo, que vea películas francesas, que me dibuje en el brazo. Y que, al final, no tenga miedo de salir a perseguir su sueño.

viernes, febrero 4

"Desde entonces me baña el poema del mar".

Durante cinco minutos, ajena a las explicaciones del profesor, no logro apartar la mirada de la fotografía. No es que el retratado sea de una belleza especial; es que hay algo en su edad indefinida entre los diez y los veinte que le da un aire casi atemporal. Es su pelo revuelto, su extraño nudo de la corbata y que sus ojos parezcan azules a pesar de que la fotografía sea en blanco y negro. Pero sobre todo, que tiene los labios apretados casi con pena, que no se atreve a mirar directamente a la cámara. Es el espíritu de poeta que refleja su rostro, que hace que me descubra deseando haber conocido lo que se esconde detrás de esa mirada melancólica.



(...) Algo tiñe la azul inmensidad y delira
en ritmos lentos, bajo el diurno resplandor.
Más fuerte que el alcohol, más vasta que una lira
fermenta la amargura de las pecas de amor.

He visto las resacas, la tormenta sonora,
las corrientes, las mangas -y de todo sé el nombre-;
cual vuelo de palomas a la exaltada aurora,
y alguna vez he visto lo que cree ver el hombre.

Yo he visto al sol manchado de místicos horrores,
alumbrando cuajados violáceos sedimentos.
Cual en dramas remotos los reflujos actores
lanzaban en un vuelo sus estremecimientos.

Soñé en la noche verde de espuma y nieve ahita
-en los ojos del mar, lentos besos de amor-
y en la circulación de la savia inaudita
que arrastra áureo y azul, al fósforo cantor (...)


- Arthur Rimbaud.

martes, febrero 1

Carnival of rust.

Todo comienza con unos arpeggios de guitarra.
La luna sonríe en el cielo, y bajo las capas de nubes, en la calle sinuosa y oscura, una figura avanza hacia el portón metálico. En el letrero herrumbroso se lee "Carnaval de óxido". La figura lo atraviesa. Lleva una trenza, vestido y zapatos de niña, una piruleta en la mano y sobre la cara una máscara de gas.
Camina hasta una cabina, introduce una moneda y las luces se encienden. Dentro, al otro lado del cristal, despierta un hombre. Lleva la cara pintada de blanco con una raya negra sobre el ojo y un sombrero, y parece cantarle, desesperado por que alguien le preste atención. Do you breathe the name of your saviour in your hour of need? En el cartel luminoso situado a su lado pone "la Estrella". Dos mimos gemelos tocan el violonchelo, esperando que alguien les eche una limosna.
La niña se gira y ve a un grupo de hombres en chaleco mirándola, asintiendo con la cabeza; se aleja de la cabina y avanza hacia ellos. Detrás suyo hay un puesto de tiro al blanco: "rompe para liberarte". El encargado del puesto, vestido de rosa y haciendo muchos aspavientos, le muestra la muñeca de porcelana que puede ganar. Implication, insinuation and ill will.
La niña mira las dos únicas monedas que lleva en la mano, y después a su alrededor: los violonchelistas, el mimo de la cabina, que la asusta al empezar a golpear el cristal y cantar más fuerte. Come feed the rain, 'cause I'm thirsty for your love, dancing underneath the skies of lust. También ve una mesa muy larga, en cuyos extremos se sienta una pareja: una mujer pelirroja con un vestido verde, que se ríe, y un hombre calvo y con barba que parece estar comiendo de un cuenco en llamas. En alguna parte se oye el siseo de un lagarto. Los ojos de la niña reflejan las luces de los anuncios luminosos y la montaña rusa en forma de espiral que preside el lugar. Yeah, feed the rain, 'cause without your love my life ain't nothing but this carnival of rust.
Finalmente, deja una de las monedas en el sombrero de los violonchelistas, junto con su piruleta, y pasando de largo al lado del mimo de la cabina que parece suplicarle, vuelve al puesto tiro al blanco. Bajo la atenta mirada de dos forzudos y una dama con máscara de oro, que le escriben la palabra "delicioso" en el hombro cuando pasa a su lado, desliza la moneda restante sobre el mostrador y recibe a cambio una pelota. It's all a game, avoiding failure. La empuña, con las uñas pintadas de negro, y con decisión la lanza, impactando sobre una de las pequeñas dianas que da vueltas y rompiéndola. La risa del hombre de rosa chirría en sus oídos.
Repite la operación y rompe otra de las dianas. Y otra más. Where enough is not the same it was before. En la mesa, la mujer pelirroja se recorre el brazo con un bastón en llamas, que después se lleva a la boca para escupir fuego. Feed the rain. Se sube la persiana de otro puesto y aparecen dos hombres de sonrisa maliciosa, tocando el tambor como acompañamiento a los cantos del mimo encerrado.
La niña recibe la muñeca y la abraza, apoyándola contra su hombro. Without your love my life ain't nothing... El mimo parece desesperado. ... but this carnival of rust. Una lágrima negra se desliza por su mejilla cuando le suplica a la niña que no se vaya, when the world is burning. Las rajas en el cristal que producen sus golpes no aumentan tan rápido como las de su rostro. Don't walk away.
La niña camina hacia la salida. Todos le dicen adiós, una serpiente se desliza sobre el suelo, la pareja de la mesa escupe tanto fuego que parecen cubrirla por completo. Don't walk away, when the heart is yearning. El portón se abre para dejarla pasar y, sin mirar atrás, con la muñeca colgando de su mano, se va de allí.
La luz de la cabina se apaga y el mimo cae de nuevo en el silencio.




No, no me he vuelto loca. O por lo menos, no fui la primera.