Y así se separa de los pequeños dramas cotidianos que realmente no le interesan, pasa conversaciones enteras sin escuchar más que un par de frases, días actuando por reflejo sin prestar atención más que a algunos detalles. Pero son precisamente esos detalles los que determinan sus días. Una sonrisa, una mirada, un momento de cercanía, un final alternativo para una canción. O una respuesta más breve y seca de lo que se esperaba. O nada en absoluto.
sábado, diciembre 17
me perdí en un cruce de palabras
Y así se separa de los pequeños dramas cotidianos que realmente no le interesan, pasa conversaciones enteras sin escuchar más que un par de frases, días actuando por reflejo sin prestar atención más que a algunos detalles. Pero son precisamente esos detalles los que determinan sus días. Una sonrisa, una mirada, un momento de cercanía, un final alternativo para una canción. O una respuesta más breve y seca de lo que se esperaba. O nada en absoluto.
sábado, octubre 8
sábados en solitario
domingo, septiembre 25
siguiendo con la lista
58- Empecé a tocar el piano casi exclusivamente para aprender a tocar “Clocks” y “Para Elisa”. Aún no sé.
59- Soy perfeccionista.
60- Todo parece más bonito si se fotografía en blanco y negro.
61- Sigo comprando libros aunque tenga veinte sin leer en la estantería.
62- Siempre tengo el libro de poemas de Neruda en la mesita de noche, al igual que mi “cuaderno de sueños”.
63- Soy neutra en la mayoría de las votaciones.
64- Tengo una mente más bien científica. Apenas intervengo en las conversaciones filosóficas si no es para aportar datos concretos.
65- No entiendo a la gente que ve una película o una serie y no sabe el nombre de los personajes.
66- Me gusta investigar.
67- He llorado con más muertes de personajes ficticios que reales.
68- Tener prendas de ropa u objetos relacionados con personajes de historias que me gustan me reconforta extrañamente.
69- Nunca tomo café, pero siempre que como fuera de casa pido una manzanilla. Sí, "como las viejinas".
70- Quiero adquirir la costumbre de tomar té en invierno y batidos de fruta en verano.
71- Mis vicios son el zumo de naranja y los caramelos de café.
72- Posiblemente el libro que más veces he releído sea Una serie de catastróficas desdichas.
73- En la mayoría de historias que leo, o películas o series que veo, tengo bastante claro quién es mi personaje favorito. La mayoría de las veces, suele ser el incomprendido, morir, o, si es mi amor platónico y “de la vida real”, ser gay.
74- Me llaman los chicos con ojos claros.
75- Los acentos argentino y británico me pueden. Mucho.
76- Relacionado con puntos anteriores: creo que si sigo tantas series, leo tanto y me adentro de esa forma en cada historia es porque trato de desconectar del mundo real, ya que una buena parte de él no me interesa y otra equivalente me resulta demasiado dura.
77- Por favor, no me interrumpáis mientras leo o escribo o a mitad de una frase. En serio.
78- Mis números favoritos son 7, 4, 11, 13 y 42.
79- Me paso el día haciendo referencias constantes a películas. Me gustaría que alguien las pillase.
80- Sí, tengo secretos que no le he contado a absolutamente nadie. No, no sirve de nada preguntarme ahora por ellos porque pretendo que siga siendo así.
martes, septiembre 13
tardes perfectas

sábado, septiembre 10
sal con una chica que lea
Encuentra a una chica que lea. Sabrás que lo hace porque siempre tendrá un libro sin leer en el bolso. Es la que mira con cariño las estanterías en la librería, la que grita silenciosamente cuando encuentra el libro que quiere. ¿Ves a la tía rara olisqueando las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Esa es la lectora. Nunca pueden resistirse a oler las páginas, especialmente cuando son amarillas.
Es la chica leyendo mientra espera en esa cafetería al final de la calle. Si echas un vistazo a su taza, la crema está flotando en la superficie porque ya está absorta. Perdida en un mundo de la creación del autor. Siéntate. Puede que te eche una mirada, ya que a la mayoría de las chicas que leen no les gusta ser interrumpidas. Pregúntale si le gusta el libro.
Pídele otra taza de café.
Hazle saber lo que realmente piensas de Murakami. Mira si consiguió pasar del primer capítulo de "Fellowship". Entiende que si dice que entendió "El Ulises" de James Joyce sólo lo dice para sonar inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si le gustaría ser Alicia.
Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros por su cumpleaños, por Navidad y por aniversarios. Dale el regalo de las palabras, en poesía, en canción. Dale a Neruda, Pound, Sexton, Cummings. Hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Entiende que conoce la diferencia entre los libros y la realidad pero por dios, está intentando hacer que su vida sea un poco como su libro favorito. Nunca será culpa tuya si lo consigue.
Tiene que intentarlo de alguna forma.
Miéntele. Si entiende sintaxis, entenderá tu necesidad de mentir. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valores, matices, diálogo. No será el fin del mundo.
Fállale. Porque una chica que lee sabe que los fallos siempre conducen al clímax. Porque las chicas que leen entienden que todas las cosas terminarán. Que siempre puedes escribir una secuela. Que puedes empezar una y otra vez y seguir siendo el héroe. Que la vida está destinada a tener un villano o dos.
¿Por qué tener miedo de todo lo que no eres? Las chicas que leen entienden que la gente, como los personajes, evolucionan. Excepto en los libros de "Crepúsculo".
Si encuentras a una chica que lee, manténla cerca. Cuando la encuentres despierta a las dos de la mañana, apretando un libro contra su pecho y llorando, hazle una taza de té y abrázala. Podrás perderla durante un par de horas pero siempre volverá a ti. Hablará como si los personajes del libro fuesen reales, porque durante un rato, siempre lo son.
Le pedirás matrimonio en un globo aerostático. O durante un concierto de rock. O muy casualmente la próxima vez que esté enferma. Por Skype.
Sonreirás tanto que te preguntarás por qué tu corazón no ha explotado y sangrado sobre tu pecho todavía. Escribiréis la historia de vuestras vidas, tendréis hijos con nombres extraños y gustos aún más extraños. Ella les presentará al Gato del sombrero y a Aslan, a lo mejor en el mismo día. Pasearéis por los inviernos de vuestra edad anciana juntos y ella recitará a Keats en voz baja mientras tu sacudes la nieve de tus botas.
Sal con una chica que lea porque te lo mereces. Te mereces a una chica que te pueda dar la vida más colorida imaginable. Si sólo puedes darle monotonía, y horas viciadas y propuestas de matrimonio a medio cocer, entonces estarás mejor solo. Si quieres el mundo y los mundos más allá, sal con una chica que lea.
O mejor todavía, sal con una chica que escriba.

domingo, agosto 7
This ain't a love song, this is goodbye.
Esto es una carta de despedida, y te la escribo con letra muy clara, con mi mejor letra en realidad, para que luego no te quejes de que no la entiendes y digas como todo el mundo dice que mis aes son muy raras y parecen de todo menos aes. Te la escribiría con recortes de periódico si hiciese falta, o en cartulinas de colores con letras de dos metros de alto, para asegurarme de que el mensaje estuviese más claro que el agua. Y el mensaje es el siguiente: me he cansado. De esperar para nada. Estoy segura de que dos años de espera son más que suficientes. No somos como esos personajes de los libros o las películas que, tras siete años compartiendo aventuras, reconocen que están perdidamente enamorados el uno del otro y pasan el resto de sus vidas juntos para siempre jamás. Sé que eso no va a pasar. Me he hecho bastante a la idea, sabes. Y tampoco está tan mal. Me da igual el ¡sois tal para cual!, ya lo descarto con algo parecido al desprecio, me centro en el es que no lo reconocéis, y eso también lo hago una bolita y lo tiro a la basura. Porque desde ahora, no hay nada que reconocer. Desde ahora, no vas a arruinarme un día entero con una única palabra o gesto –porque eso se te da muy bien, incluso cuando no estoy hablando contigo pero sueltas algún ruido de impaciencia al otro lado del teléfono como has hecho hoy-, de esas que se quedan revoloteando en mi mente, picoteándome, hasta que no puedo seguir fingiendo indiferencia y me pongo a pensar en ella y en el pinchazo de dolor que supuso. Desde ahora, no dependo de si me sonríes o cómo me tratas para considerar si un día es bueno o no. Desde ahora, si me miras así es porque tengo monos en la cara o porque te apetece y punto, y no hay nada más detrás. Desde ahora, delante de los demás no me voy a confesar ni a decir ni una palabra de toda esta maraña de sentimientos. Es más, voy a deshacerme de esos sentimientos. Voy a ofrecerles amablemente que vuelvan al lugar del que vienen, y si no quieren por las buenas, les empujaré por la ventana si hace falta. Y tapiaré todas las puertas para que no vuelvan a colarse con facilidad en cuanto decidas cambiar de humor y preocuparte por mí. Y este año, ya que tengo la oportunidad, ya que por fin vas a desaparecer en buen grado de mi vida, vas a dejarme empezar de cero, vas a dejarme aprovechar las oportunidades que tenga y no desperdiciarlas otra vez, o aunque no las haya, vas a dejarme ser feliz de todas formas, vas a dejarme vivir mi maldita vida tranquila.
Lee bien esta carta y presta atención a lo que dice, porque será lo último que te escriba.


