domingo, octubre 24

(no, no tenéis que leerlo, sólo me estoy descargando)

Estoy hasta el alma de la adolescencia. Como si no fuese una época con suficientes problemas (estudios, hormonas revueltas, problemas entre amigos, problemas, problemas por todas partes, nos los buscamos nosotros solitos), nos sentimos malditamente incomprendidos, y es malditamente cierto. ¿Por qué nos pasamos el día encerrados en nuestra habitación, y no queremos que nos vean ni siquiera mientras leemos? ¿Por qué muchas veces preferimos pasarnos el día fuera de casa, aunque sea sentados en el banco de un parque, antes que con nuestra familia? Porque no queremos ver sus reacciones, no queremos que nos miren como si fuésemos unos bichos raros, no queremos que la mínima diferencia de opinión o la mínima contestación "irrespetuosa, eso se lo dirás a tus amigos pero a mí no" nos lleve a una discusión. Pero sobre todo, no sé vosotros pero por lo menos yo, no queremos ver cómo no nos toman en serio. Desde los grandes a los pequeños gestos, muchas veces mis padres no entienden cómo hieren mi orgullo, que aunque parezca una parte poco importante de mí, necesita ciertos cuidados. Son una serie de pequeños comentarios o actitudes. Por ejemplo. Siempre insistiendo en que les cuente mis problemas; cuando por fin me atrevo a contarles algo de lo que me pasa, ese tipo de cosas que para ti es un mundo, se ríen y lo tachan de tontería. Sí, tal vez lo sea, pero hay otras formas de hacérmelo ver. Y además traicionan mi confianza. "No se lo digas a papá" no es psicología inversa, no significa que lo primero que tienes que hacer esa noche es decirle "¿sabes qué me ha contado la niña...?" para que luego la niña se sienta acosada cuando menciona algunos nombres. Si te pido ayuda porque no entiendo algo y de pronto lo entiendo a mitad de tu explicación, y empiezo a hacerlo sola, es porque quiero demostrarme a mí misma que lo entiendo, no me estoy burlando de ti ni busco que me digas "desagradecida, es la última vez que te ayudo". Si te digo que el ordenador no enciende porque no da señal a la pantalla, no quiero que vengas, simplemente enciendas la pantalla y quieras marcharte diciendo "no era tan difícil, genio" ya que eso fue lo primero que hice, y si he acudido a ti créeme que no es sólo un complot maligno para interrumpir tu hora del café. Si me pides ayuda para encontrar una canción que quede bien en la presentación que estás haciendo, me lo tomo en serio, así que no despaches mis respuestas así como si nada. Si te enseño una canción, moléstate en escucharla, atiende a la traducción que te estoy haciendo, y no la menosprecies diciendo "todas las metáforas de adolescentes son con discotecas", y no asumas que porque a mí me guste tiene que ser un adolescente el que canta, y tiene que ser algo sin sentido, o superficial, o lo que tú quieras, porque Take That, cariño, no es un grupo de adolescentes, y porque, si tan mala música escucho, ¿por qué tenemos más de 50 canciones compartidas y me pides que te descargue algunas de las que me oyes? Todo parecen tonterías, pero estoy harta, estoy harta de que nadie me tome en serio, y sé que en muchas familias es lo mismo, pero eso no quita que lo sienta como si fuera exclusivamente mi problema. Y cansa.

1 comentario: