martes, agosto 17

Mis pasos, no el camino.

Uno, dos, tres.
Hay tres caminos.
Dos ya han sido recorridos.
Otro no, pero aunque atraiga a los viajeros, sé que está lleno de piedras.
Además, sé que no hay más que seguir andando para encontrar muchas más rutas diferentes.
¿Cuál hay que tomar?
Reflexionemos.
El primero... tengo la sensación de que ya lo he recorrido demasiadas veces. Y es un camino en el que estoy cómoda, la verdad, lo conozco bastante bien, y ahora voy por él mejor porque sé evitar algunas zonas peligrosas. Pero aún así, desde donde estoy todavía no puedo ver el final, y eso empieza a cansarme.
El segundo... acaba de caer una roca enorme, bloqueándolo por completo. Aunque la veía venir (pero, para variar, nadie me creía). Y así mejor, la verdad; creo que estaba andando por andar. No me gustan las vistas. Así que abandono.
El tercero. No es buena idea. Pero qué más da, ¿no puedo caminar sin tener que cuestionarme nada? Madre mía, no sabía que tenía que justificar todos y cada uno de mis actos.
Sí, lo mejor es seguir caminando... aparecerá otro sendero, y seguro que ese sí que merece la pena.

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