-De verdad que yo no lo entiendo. ¿Cómo puedo tener tan poca fuerza de voluntad?-
Vale, por fin lo he pillado: cuando está concentrado en algo no se le puede hablar, te ignora completamente o da respuestas secas que te dejan pero niño, qué mosca te ha picado... y si al acabar con lo que esté haciendo decide girarse a hablar con ella en lugar de contigo, paaaaaasa de todo, no empieces a rayarte de esa forma, que no es sano, cariño... porque claro, además te cabreas y lo de siempre: ahora me enfado y no respiro, ahora soy yo la que pasa de él... Y de pronto, por arte de magia, te habla. Y así sin más empieza a contarte algo. Y toda tu voluntad se desvanece misteriosamente y no puedes dejar de escucharle y de mirar esos ojos y de responder a esa sonrisa. A lo mejor elige sentarse al lado de otra en vez de junto a ti, puede parecer que te ignora durante un rato... pero entonces dice o hace algo extraño y tú eres la única que se da cuenta y se empieza a reír, y entonces él te mira a ti riéndose avergonzado, y entonces... entonces, lo cambias todo por ese 'entonces', por esos largos segundos en los que sólo te mira a ti...
Y vuelta a empezar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario