viernes, mayo 20

Melancolía.

Ralph recordó momentos en su vida en los que había tropezado con el equivalente emocional de una corriente fría cuando uno nada o una turbulencia cuando vuela. Vas tan tranquilo, a veces incluso sintiéndote de maravilla, a veces sólo bien, pero sin problemas... y de repente, por ningún motivo aparente, te derrumbas. Te embarga esa sensación de ¿Y de qué coño sirve?, que no guarda ninguna relación con ningún suceso de tu vida real, pero que, de todas formas, es increíblemente intensa, y lo único que tienes ganas de hacer es volver a meterte en la cama y taparte hasta la cabeza...



Insomnia, Stephen King.









#58: una de mis palabras favoritas es "melancolía".

martes, abril 19

En boca de otros.



Siempre pareces estar en otro mundo además de en este. Tu expresión habitual es de melancolía. La palabra que mejor te define es diferente, y frenética. Haces ruido al andar y al respirar. Cuando estás triste pareces asustada. Te controlas demasiado. Te ríes al decir la verdad y te pones seria cuando mientes. De vez en cuando necesitas estar sola. La sonrisa se te nota en los ojos. Cuando estás nerviosa no dejas de tocarte el pelo. Te preocupas por idioteces...

viernes, marzo 25

Incongruente.


Incongruente, es una palabra que me gusta mucho, a pesar de que me suene como congrio y no me guste el pescado. Sirve para definir muchas cosas: a mí, a casi todas las personas en realidad, a casi toda la realidad de las personas. "Incongruente" es lo que queremos decir cuando decimos "bipolar". No nos gusta que alguien lo sea, pero en realidad nosotros también lo somos, siempre. Eso también es ser incongruente, que supongo que es una forma suave de decir "hipócrita". Quiere decir muchas cosas, y muchas de ellas se contradicen entre sí, así que en realidad se representa muy bien a sí misma. Parece la clase de palabra que utiliza alguien que sabe mucho, o que quiere aparentar saber pero así demuestra lo contrario. Si la digo muchas veces muy rápido, parece que estoy diciendo hinco el diente. Además, me resulta imposible imaginar de dónde viene. Porque espero de verdad que no sea de congrio. Aunque me seguiría gustando de todas formas. Soy así de incongruente.

viernes, marzo 4

Estuve en el hospital durante siete comidas, que no sé a cuánto equivale. Miré la tele, tomé analgésicos, intenté hacer todos los crucigramas a medio acabar de los números atrasados de Woman's Own, y me hice a mí mismo un montón de preguntas.
La primera: ¿qué estaba haciendo? ¿Por qué me cruzaba en las trayectorias de balas disparadas por personas que no conocía, por razones que no comprendía? ¿Qué había en eso para mí? ¿Qué había para Woolf? ¿Qué había para O'Neal y Solomon? ¿Por qué los crucigramas estaban a medio acabar? ¿Les habían dado el alta a los pacientes antes de acabarlos o acaso habían muerto? ¿Habían acudido al hospital para que les extirpasen medio cerebro y ésa era la prueba de la habilidad del cirujano? ¿Quién había arrancado las tapas de las revistas y por qué? ¿La respuesta del 3 horizontal "no es mujer" podría ser "hombre"?
Y, por encima de todo, ¿por qué había una foto de Sarah Woolf pegada en el interior de la puerta de mi mente, de tal forma que, cada vez que la abría para pensar en cualquier cosa -los culebrones de la tarde, fumar un cigarrillo en los lavabos al final del pasillo, rascarme el dedo gordo-, allí estaba ella, que me sonreía y me regañaba simultáneamente? Me refiero, por enésima vez, a la mujer de la que yo no estaba enamorado.


Una noche de perros, Hugh Laurie, pág. 74

domingo, febrero 13

"Ahora voy a ir a por ti".

El domingo es el día de los recuerdos. Por eso me gusta que llueva, las melodías sin letra y que no me den mucha conversación. Incluso la fiebre ayuda, así mis pensamientos se van a otro mundo y puedo seleccionar y recortar recuerdos, para centrarme sólo en el ritmo, las luces y el calor.

The music, the light and the laughter,
the answer to what you are after.

domingo, febrero 6

Lo que al parecer no entiendes es que no perdono tan fácilmente. Es más, ya no perdono en absoluto. Porque es un día tras otro, una cosa tras otra, aunque la verdad es que ya apenas me afectan. No pienso derrumbarme como al principio. Por eso tus disculpas ocasionales, cuando la lógica te dice en mitad de la noche que te has pasado, no sirven de nada. No pareces darte cuenta de que la única reacción que consigues en mí es que te mire fijamente, apretando la mandíbula, dura e impasible. El odio acumulándose es como una bomba de relojería. Y no creo que quieras estar aquí cuando explote.

El chico de marrón y la chica de azul.



Tampoco pido tanto. Sólo alguien que se emborrache conmigo en un karaoke, que grite más que yo en el parque, que me acompañe a Ikea. Si hay una familia de chinos en nuestro baño, mejor. Alguien con quien la vida sea un juego. A quien le pueda contar mis fantasías más disparatadas, que le gusten mis rodillas, que me enseñe su rincón favorito de la ciudad. Que se siente conmigo en el tren, que se meta con mi Beatle favorito, que me regale un libro que ha leído. Que tenga una pizarra en casa, que sepa sinónimos para todo, que vea películas francesas, que me dibuje en el brazo. Y que, al final, no tenga miedo de salir a perseguir su sueño.