Cuando te vas de viaje, sin ellos, parece que de golpe tus padres quieren pasar todo ese tiempo perdido contigo, pero en las dos horas previas.
Voy a extrañar tanto a tanta gente... gente a la que llevo necesitando mucho tiempo, gente a la que hace una temporada no habría pensado que llegaría a apreciar tanto, gente que creía perdida y de alguna forma ha vuelto, gente que me ha ganado muy rápidamente. A algunos tal vez no los vuelva a ver, o mi relación con ellos no sea la misma; pero sé que la mayoría van a estar aquí cuando vuelva. Total, no sé por qué me pongo tan dramática: no es nada, sólo son unos pocos días.
10 días. ¿Diez días sin ti? ¡Si sólo llevo once a tu lado! Esto va a costar, y mucho. Han sido días muy tímidos, más confiados, ausentes, empalagosos, distantes, sinceros, preocupantes, cómplices, y sobre todo muy, muy necesitados, necesitada de ti... así voy a estar esta temporada, echándote de menos cada instante, me imagino. Me preocupa la dependencia que he desarrollado en tan poco tiempo, como si me hubiera faltado un pedacito y ahora lo hubiese encontrado, pero tengo un pánico terrible de perderlo, porque hay momentos en los que parece pegado con superglue y otros en cambio da la impresión de colgar de un hilo. Sólo sé que lo que más me duele es no haber podido abrazarte como despedida, porque me paso los días esperando esos abrazos, ¿sabes?
¡Y encima no me dejan llevarme un peluche!
(Ahora aparento bastante más tranquilidad de la que sentía hace unas horas, tras haber pasado por todos los síntomas de un auténtico agobio, respiración superficial y lágrimas incluídas.)
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